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martes, 16 de octubre de 2012

¿Será niño o será niña?



LA OSCILACIÓN DEL SUR



Edwin Rolando García Caal

La oscilación del sur es un fenómeno climático que interrumpe la normalidad establecida entre dos áreas geográficas al Sur del planeta. Estas áreas son Australia y América del Sur las cuales se encuentran separadas por el océano pacífico.

En la normalidad, el mar de Australia se encuentra aproximadamente a unos 30 grados centígrados de temperatura ambiente. Esta circunstancia hace que el mar esté físicamente caliente, hasta unos 100 metros de profundidad y por tal razón es común que las personas le denominen “la piscina de agua caliente”. Mientras tanto, en la costa de América del Sur en la normalidad, el mar se encuentra aproximadamente entre 15 y 20 grados centígrados de temperatura ambiente. Esta circunstancia hace que el mar esté físicamente entre templado y frío. Ante estas condiciones, en la costa Suramericana el nivel del mar está a 0 metros, mientras que en Australia el nivel del mar está 40 centímetros arriba de ese nivel. Esa elevación del nivel del mar en Australia, sobre el nivel de América del Sur se debe en primer lugar a la temperatura cálida (baja presión) la cual provoca que el agua esté menos densa y en segundo lugar a la fuerza de los vientos alisios, los cuales soplan desde América del Sur hacia Australia en un circuito denominado comúnmente “corriente oceanográfica ecuatorial”. Estos vientos desplazan el agua desde las costas de Suramérica y la acumulan en Australia.

En ocasiones los vientos alisios pierden fuerza y debido a esto las aguas calientes de Australia se regresan hacia las costas de Suramérica, elevando la temperatura de estas aguas por arriba de los 20 grados centígrados. Cuando los vientos alisios recuperan la fuerza enfrían nuevamente el agua y hacen regresar el agua caliente hacia Australia, pero si la fuerza fría de los vientos se intensifica, enfría las aguas de Australia haciéndolas descender de los 30 grados centígrados.

Las temperaturas marítimas entre 15 y 20 grados centígrados permiten el incremento de nutrientes que alimentan el fitoplancton, este fitoplancton a su vez es importantísimo para la alimentación de los peces, permitiendo la existencia de bancos de peces de anchoveta. La llegada de aguas cálidas durante el debilitamiento de los vientos alisios empobrece el contenido de nutrientes causando la caída de la actividad pesquera.

Cuando la temperatura de las aguas oceánicas en América del sur se eleva más allá de los 20 grados centígrados se incrementa el proceso de evapotranspiración, originando el incremento de las precipitaciones pluviales e intensificando el invierno. Este es el llamado fenómeno del niño.

Desde 1525 se han identificado 82 episodios de “El Niño”, entre los que sobresaldrían los considerados fuertes o muy fuertes de 1578, 1728, 1721, 1828, 1877-1878, 1891, 1902-1903, 1925-1926, 1957-1959, 1972.1973, 1982-1983, 1986-1987 y 1997-1998. De esta relación destacan los episodios de El Niño muy fuerte de 1925-1926, 1972-1973 y sobre todo, los de 1982-1983 y 1997-1998, causantes estos últimos de registros de temperatura del mar frente a las costas superiores en 6° C o más a la media del sector.

En 1997-98 se registró un suceso de El Niño más fuerte aún que el de 1982-83 desarrollado en el Pacífico. En el año 1997 hubo una serie de avisos y se dieron conferencias y planes de emergencia. En Marzo de 1998, los sucesos relacionados con El Niño causaron globalmente unas pérdidas directas de unos 34 billones de dólares, y acabaron con la vida de 24,000 personas. Un total de 111 millones de personas fueron afectados de alguna manera, y los sucesos relacionados dejaron a 6 millones de personas desplazadas de sus hogares. En la actualidad el Servicio Meteorológico de Australia (BoM), utiliza anomalías de temperatura mayores a 0.8° C para definir el calentamiento como un evento Niño.

En la actualidad, a la fase de pérdida de fuerza de los vientos alisios con su consecuente aumento en la temperatura del agua se le denomina “Evento de El Niño” y a la recuperación de la fuerza por parte de los vientos alisios y su consecuente reducción en la temperatura del agua se le denomina “Evento de La Niña”.

La alerta temprana asociada con el fenómeno de El Niño, es particularmente útil para el sector agropecuario, y los esfuerzos para perfeccionarla se han visto estimulados por aspectos tales como…
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lunes, 23 de enero de 2012

Recursos pesqueros

Edwin Rolando García Caal


En Guatemala existe poca información acerca del estado de las poblaciones de especies marinas, tanto en el pacífico como en el Atlántico (BANGUAT y URL, IARNA, 2009). Las estimaciones de densidad y biomasa para algunos grupos de especies existen gracias a estudios específicos realizados en el litoral pacífico (IMR, 1987) (Salvatierra, 1998) (Ixquiac, 1998); los datos son complementarios pero no suficientes. La mayor cantidad de información se reporta en las capturas, aunque la lógica del análisis económico indica que lo importante es el control de los inventarios para restar el monto de las extracciones.

No obstante la escasez de los datos, el tema de la valoración de los recursos pesqueros ha sido identificado como una necesidad prioritaria en el análisis de la sostenibilidad de la pesca, sobre todo de la pesca artesanal (Arrivillaga, 2003). En el estudio denominado “Diagnóstico del estado actual de los recursos marinos y costeros de Guatemala, se hace énfasis en la necesidad de hacer una valoración económica para tales recursos, posición avalada por representantes de la Unidad de manejo de la pesca y acuicultura del Ministerio de Agricultura Ganadería y Alimentación, la oficina de Control de las áreas de reservas territoriales del Estado, el Instituto nacional de Bosques, El Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología, el Consejo Nacional de Áreas Protegidas, el Instituto Guatemalteco de Turismo, el Instituto Geográfico Nacional y la Empresa Portuaria Nacional (Arrivillaga, 2003).

De la misma forma, voceros de instituciones no gubernamentales, citados en el estudio de Diagnóstico, coinciden en la valoración económica como requisito de sostenibilidad. En el documento en mención han sido citados al respecto, el Programa Ambiental Regional para Centro América, el Sistema Arrecifal Mesoamericano, la Fundación para el eco-desarrollo y la conservación y la asociación de Rescate y Conservación de Animales Silvestres (Arrivillaga, 2003). En la misma línea se señala que existe pronunciamiento a favor de la valoración económica de los recursos pesqueros por parte de instituciones internacionales, tales como la Organización Latinoamericana de la Pesca, el Instituto de Fomento de la Pesca, la Comisión Interamericana del Atún Tropical y la Comisión Internacional para la Conservación de los Atunes del Atlántico (Arrivillaga, 2003).  

Según la teoría, la valoración es útil para la adecuada evaluación de proyectos de inversión y las correspondientes evaluaciones de impacto ambiental que hoy deben realizarse, especialmente en aquellos proyectos que hacen uso intensivo de la base de recursos naturales o generan impactos ambientales importantes (Rogers, 2001), pero este tema no había sido tan puntual como en el pronunciamiento de la escasez de recursos pesqueros, realizado por la Federación de Pescadores Artesanales, la Federación de Cooperativas de Pescadores, la Federación Nacional de Pescadores Artesanales, la agrupación de Pescadores y Exportadores de Guatemala y la Asociación de Armadores Atuneros, quienes en 2003 señalaban la caída de las capturas de 6.05 millones de libras (en 1998) a 4 millones de libras en 2001, según sus registros estadísticos (UNIPESCA, 2003) .  Además de la pérdida de las capturas, junto con la actividad pesquera, hay que considerar las alteraciones que se producen en el ecosistema marino sobre todo porque la «racionalidad» económica tradicional, que considera los recursos del mar como libres o públicos, también afecta otros elementos del ecosistema, como el caso del mangle.

Además del eventual excesivo esfuerzo de pesca, las especies de camarón y de peces de ocurrencia cercana a la costa están más expuestas al efecto de los cambios en los regímenes de lluvias y otros cambios ambientales, de la contaminación costera y de otras actividades humanas, incluyendo las migraciones poblacionales hacia las zonas costeras. Las áreas estearinas, manglares y lagunas, constituyen zonas de cría de camarones y peces juveniles. Este hábitat, particularmente delicado, está sufriendo severos ataques derivados del turismo, fabricación de carbón, obras costeras, uso indiscriminado de fertilizantes y aportes crecientes de agua dulce provenientes de obras hidráulicas, y se encuentra además amenazado por las consecuencias del crecimiento explosivo de la cría de camarón. Por otra parte, debe tenerse en cuenta la existencia en la región de especies amenazadas de extinción como la tortuga marina y el manatí (Arrivillaga, 2003).

Según información establecida en la Línea base del estado del Sistema Arrecifal mesoamericano, una gran cantidad de personas de múltiple origen social y étnico se benefician de los recursos marino-costeros a través de diversas actividades relacionadas con la pesca, turismo y el desarrollo costero. Dichas actividades continúan aumentando en la región, generando diversos niveles de presión en los ecosistemas arrecifales…

Ver artículo completo: … Garcia E. (2011) Recursos pesqueros