miércoles, 3 de abril de 2013

Bajo rendimiento académico del estudiante universitario ¿Fenómeno nacional de Guatemala?

Edwin Rolando García Caal

El bajo rendimiento académico del estudiante universitario no es sólo un problema de Guatemala, ha sido un fenómeno de interés latinoamericano, debido a que este se ha visto generalizado en todas las universidades de América Latina y El Caribe –ALAC- (UNESCO, 2005). Durante septiembre de 2005 en la Universidad de Talca, Chile, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) a través el Instituto Internacional de Estudios sobre Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) realizó un “Seminario sobre el Rezago y la Deserción Universitaria en América Latina y el Caribe”, para el efecto auspició durante dos años anteriores al seminario y de forma simultánea, investigaciones sobre el rezago de la titulación universitaria en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, República Dominicana, Uruguay y Venezuela (UNESCO, 2005). Las investigaciones referidas fueron orientadas al establecimiento de la eficiencia en la titulación por universidades, el costo del rezago y un estudio cualitativo para cada país, basado en entrevistas a profundidad que buscaban establecer factores determinantes. El cuadro siguiente muestra el indicador de estudiantes que obtuvieron el título universitario medido en función de la matrícula estudiantil inscrita según la duración ideal de la carrera en las universidades de ALAC.

Cuadro 1: Universidades públicas de América Latina, promoción del 2004.



El bajo rendimiento académico del estudiante universitario es, según los datos reportados, el principal causante del rezago en la titulación, debido a que los estudiantes se ven obligados a repetir los cursos una y otra vez hasta obtener un rendimiento satisfactorio, situación que afectó en ALAC al 56.7% de los inscritos durante el periodo de estudio.

Al respecto de lo anterior nos damos cuenta que el rendimiento académico bajo no es un problema sólo de las universidades del país, ahora cabe una pregunta. ¿Será posible reducir el bajo rendimiento académico? En ese sentido aunque existen a nivel internacional algunas propuestas de análisis para explicar los resultados, dichas propuestas responden a las motivaciones que sustentan los estudios, y todavía es temprano para poder contar con una solución o abordaje protocolar del fenómeno (Boado, 2004). Las metodologías de investigación que se han aplicado al respecto, se encuentran en una etapa exploratoria y descriptiva, y en ella, pese al interés y la importancia en sistematizar colecciones de datos, es necesario detenerse con atención porque los resultados pueden ser bien divergentes según los países, merced de la base institucional y la estructura social de cada uno de ellos (Boado, 2004). En reuniones de integración curricular se ha visto que prevalece una enorme diversidad organizacional entre los sistemas de educación superior en la región y por lo tanto los estudios referidos al rendimiento académico se hacen particulares (IESALC, 2010). A groso modo es posible afirmar que el tema del bajo rendimiento académico universitario es un fenómeno cuyo estudio no se ha agotado y se encuentra a la espera de propuestas que posibiliten de forma concreta su transformación en alto rendimiento académico, como fenómeno internacionalmente generalizado.

Al respecto, previo a profundizar en las metodologías empleadas en el proceso de la investigación, es posible establecer un marco conceptual en el que sea posible observar por qué vía se han ido los intentos por entender dicho fenómeno. Esto puede ser posible a través de una revisión de las investigaciones publicadas. Antes de eso es posible informar que el rendimiento académico puede ser estratificado en rendimiento académico alto cuando se sitúa arriba de la mediana de los punteos aprobados, rendimiento académico satisfactorio cuando los punteos aprobados se ubican por debajo de la mediana y rendimiento académico bajo cuando el punteo es insatisfactorio y no permite aprobar el curso en análisis. Tras ese marco conceptual y como fenómeno de interés para los investigadores en educación, la revisión de la literatura da cuenta que el análisis del rendimiento académico ha sido abordado desde cuatro perspectivas:

1. Desde la óptica de los procesos genéticos (coeficiente intelectual, alimentación, conducta emocional, etc.).

2. Desde la óptica de los procesos de enseñanza (institucionalidad, calidad educativa, estructura curricular, pertinencia curricular, formación docente, condiciones del aula, número de estudiantes por salón, recursos educativos extra aula, etc.).

3. Desde la óptica de la influencia de factores externos al proceso educativo que se analiza (características del estudiantado, situación socioeconómica, opciones de financiamiento, etc.) y,

4. Desde la óptica de la interacción entre los procesos de enseñanza y la influencia de factores externos al proceso educativo.

Según lo planteado en el numeral 1, los estudios de los años ‘40 y ‘50, especialmente en USA, fueron impulsados por el nivel de logro individual y convergieron en privilegiar la interpretación de los resultados del rendimiento académico a partir de un conjunto de factores personales o de características de los individuos, entendiendo por ello los que indicaban racionalidad, inteligencia y efectos acumulativos de desempeños exitosos. De forma complementaria se estudiaron un conjunto de factores indicativos de los valores de superación personal en una sociedad que promovía el éxito.

Así, numerosos desarrollos didácticos de los textos de econometría y psicometría de la época se basaban en las experiencias aplicadas a tales fines estimativos, y por su lado la sociología funcionalista erigía los cimientos de las recompensas de la sociedad que separaba a los ineptos de los inteligentes y que promovía el comportamiento liberal (Boado, 2004). En la óptica del numeral 2 se señala que la primera posición de las investigaciones del rendimiento académico recibió fuertes críticas, especialmente europeas, desde inicios de los años ’60. Analistas científicos instaron a ‘corregir’ esa perversión ‘eugenésica’, que conformaba el trasfondo de tales aplicaciones, en donde indudablemente los privilegiados por algo no explicitado no dejaban de aparecer como triunfadores, y los fracasados como inevitablemente condenados al rechazo. Los informes de Coleman (1960), de Jenks y colaboradores (1972), los trabajos de Bowles y Gintis (1970) y de Carnoy en los ‘80, en USA; los informes de Bernstein en los ‘70 en el Reino Unido, y de Bourdieu en Francia desde fines de los ‘60, conformaron ‘el escenario’ para cambiar el rumbo de las investigaciones hacia factores extra-académicos e intra-académicos (Boado, 2004). De manera clara, y más allá del desempeño educativo en estrictu sensu, cambió el perfil y contenido de los estudios sobre el rendimiento académico en las instituciones de enseñanza, especializándose cada vez más las diferentes corrientes en los factores extra o intra académicos, relegando sensiblemente los aspectos psicométricos, la propensión racional, y la adscripción al logro (Boado, 2004).

Estudios específicos indicaron al respecto cuánto del rendimiento observado en la posguerra se debía a la universalización del acceso educativo y cuánto a la reproducción de la desigualdad en casi todos los países de Europa y de América (Crompton, 1993; Wright, 1997; Boado, 2003 y 2004). Detrás de estos resultados de investigación se desarrollaron políticas educativas redistributivas y administrativas. Los equipamientos físicos de la institución educativa per se, los materiales, los equipamientos administrativos, los equipamientos pedagógicos, los climas organizacionales y la praxis docente recibieron el impulso que se recomendaba en los resultados de estas investigaciones, mismos que fueron señalados como importantes determinantes de los resultados académicos en un sentido amplio (Boado, 2004). Pero el comportamiento del rendimiento académico, a pesar de mantener las instituciones características estandarizadas de institucionalidad, no se comportó igual en todos los estudiantes. Se mediaron los textos, se redujeron los contenidos, se capacitaron a los docentes y el rendimiento académico no reacciona. En ese sentido, bajo la óptica del numeral 3, numerosos trabajos han tenido el mérito de señalar la influencia que en el rendimiento académico tienen los orígenes familiares de los educandos, la situación socio-ocupacional de los padres, el nivel de escolaridad de los padres, el ingreso económico del hogar, el tipo y tamaño del hogar, el número de hermanos y/o dependientes, los hogares completos, el grupo étnico y las sucesivas interacciones entre estos factores con la educación (Boado, 2004). En síntesis estos estudios señalan que el ingreso a las aulas universitarias no es igual y en tal sentido el rendimiento académico esperado debe ser diferente. Como conclusión a los análisis Latiesa (1992) y Sposetti (2000) destacan las asimetrías de los estudiantes en el acceso a las aulas universitarias del año 1 y las asimetrías con relación a los titulados, lo cual no deja de ser un tema abierto, ya que las tendencias no son convergentes a nivel internacional. Las universidades públicas argentinas, por ejemplo, a pesar que son gratuitas, no tienen ‘examen de ingreso’ y no cuentan con restricciones a la actividad académica del estudiante (no hay plazos para aprobar los niveles, no hay límite de repeticiones y no hay límites de exámenes) sólo tienen una tasa de titulación de 17.6, similar a universidades que sí tienen examen de ingreso (Bolivia, Brasil, Guatemala y República Dominicana).
Los investigadores Tikiwal y Tikiwal (2000), a partir de la polémica sobre la situación de la educación superior en India, concluyeron que las bases de datos necesarias para los diagnósticos y la planificación eran deficientes y no abordaban al alumno en todas las dimensiones posibles (Boado, 2004). Por su parte los famosos trabajos de Tinto (1986, 2002 y 2003) han señalado, para un tipo especial de enseñanza superior (el de las universidades y colleges norteamericanos), los déficits sociológicos y pedagógicos subyacentes, que afectan el rendimiento académico. Señalan que no se trata de aptitudes ni de infraestructura, sino de condiciones extra-académicas constantes. El autor ha observado que este problema es sintomático en contextos donde el ‘peso’ del espacio y clima institucional se soslaya a priori como explicativo del rendimiento, cuando al menos puede tener un papel tan importante como los de tipo individual y social en el rendimiento académico. Desde la óptica del numeral 4, Spossetti (2000) señala que en buena parte de la bibliografía consultada se muestra un escaso interés político y científico por el problema. Según la autora, en algunos estudios se registra una mayor tendencia al abandono en las instituciones que no tienen examen de ingreso, pero no se explicitan análisis posteriores al ingreso de los procesos vinculados con el logro de los objetivos educacionales, lo que hace un análisis parcial del fenómeno, pero indudablemente requiere de mayor preocupación y examen (Boado, 2004). Al año 2010, en el seminario denominado “La Universidad Latinoamericana en discusión”, el tema del rendimiento académico fue enfocado desde la preocupación de que un bajo rendimiento durante la carrera repercute en la calidad de los egresados y sobre todo impide un reto mayor: la movilidad académica internacional (IESALC, 2010). Mientras la declaración de la Conferencia Regional de Educación Superior (CRES) en 2008, nos invita a la superación de brechas en la disponibilidad de conocimientos y capacidades profesionales y técnicas de los egresados universitarios (IESALC, 2010), el problema del bajo rendimiento académico aparece como un fenómeno difícil de superar. El reto de la “acreditación de las universidades” para la convalidación y el reconocimiento de las capacidades profesionales de los egresados y el reconocimiento de los títulos y estudios, señala la actual necesidad de reducir los rendimientos académicos bajos en las universidades tanto públicas como privadas (IESALC, 2010), si no es posible hasta un nivel deseable por lo menos a un nivel estándar. En ese sentido la brecha entre los alumnos graduados de las universidades de Guatemala y el resto de Latinoamérica se observa en el gráfico siguiente.

 Gráfico 1. Titulación en la universidad pública de América Latina y el Caribe


Las universidades de Guatemala, en su contexto de instituciones (una pública y nueve privadas) han manifestado variaciones importantes en la eficiencia de la titulación pero en general están 19.1% estudiantes abajo del promedio de titulaciones Latinoamericano y del Caribe. Las únicas universidades que son superadas por la titulación en Guatemala son República Dominicana y Argentina. La titulación en la Universidad de San Carlos fue medida en una tasa de 24.0% en contraposición a la titulación en las universidades privadas, que se ubicó en una tasa de 12.8% durante el periodo 1999-2003 (Calderón, 2005). De esa fecha y en comparación con los estándares de población, el país ha mantenido las relaciones de inscripción y promoción universitarias que se detallan en el cuadro 2.

Cuadro 2. República de Guatemala.

En la vida académica de la Facultad de Ciencias Económicas de la USAC, la segunda más grande facultad de la USAC, el rendimiento académico “bajo” ha sido y es un fenómeno masivo que abarca todo el proceso educativo de los 10 semestres de las carreras que allí se imparten. Dicho fenómeno ha permanecido constante a lo largo de los años. Esto es importante si se considera que dicha Facultad recibe al 15% de los estudiantes inscritos en la USAC y está reportando únicamente un 10.5% de titulación. Si comparamos este indicador con el correspondiente a las universidades de Chile, por ejemplo, en áreas similares del conocimiento, se tiene que en las Ciencias Sociales el indicador promedio durante el periodo 1998-2002 en aquel país se ubicó en 54.6% y en las carreras de Administración y Comercio se ubicó en 50.6% una brecha muy alta para Guatemala (González L. , 2005). Estas relaciones numéricas muestran la creciente necesidad de estudiar dicho fenómeno y buscar de manera científica propuestas para motivar un cambio de tendencia.

En la revista Económicas Al Día, en su edición del 31 de mayo de 1992 se escribió: “Mientras la matrícula estudiantil se ha incrementado a 14,500 estudiantes el porcentaje de estudiantes con un rendimiento académico alto se ha reducido y no es siquiera la cuarta parte del uno por ciento” (IIES, 1992). En la actualidad (año 2013), la tendencia a la baja en el tema del alto rendimiento académico se mantiene y la matrícula estudiantil ha llegado a los 26,000 inscritos lo que señala un alejamiento a las metas del CRES 2008 para Guatemala, cada vez mayor.

¿Qué camino se puede seguir?

Una forma de buscar la respuesta es a través de la revisión de informes de investigación referidos al análisis del fenómeno en cuestión. Aquí hay tres referencias.

Investigaciones del IESALC. Para abordar el tema de las metodologías de investigación utilizadas en el estudio del rendimiento académico en la actualidad, es posible agrupar las 15 investigaciones financiadas por el IESALC en un solo esquema metodológico, de tal forma que se pueda comparar con otros diseños metodológicos y definir una ruta apropiada factible de aplicar en el país. Llamaremos a estas investigaciones: Metodología X. En los 15 estudios se consideraron tres carreras, Derecho, Ingeniería Civil y Medicina. El criterio fue tener una representación para diferentes áreas del conocimiento (UNESCO, 2005).

Los estudios se orientaron a cuatro instituciones: dos públicas y dos privadas, con ligeras variantes. El cuadro 3 resume las referencias de las publicaciones que se agrupan bajo una sola metodología.

Cuadro 3. Investigaciones en universidades, realizadas en Latinoamérica y el Caribe




Cada investigación de las citadas en el cuadro 3 abarcó dos dimensiones: una dimensión cuantitativa de fuente secundaria y una dimensión cualitativa. En la dimensión cuantitativa fueron utilizados los datos administrativos de las instituciones para determinar la eficiencia en la titulación, definida esta como la proporción de estudiantes “T” que se titulaba en un año “t”, en comparación con la matricula nueva en primer año “N”, en el tiempo correspondiente a una duración “d” de las carreras establecidas en los planes de estudios oficiales. La duración a groso modo se estableció en 5 años. El análisis se hizo separando sexo masculino y femenino (UNESCO, 2005).

Para hacer el cálculo de la deserción en cada institución, se tomó para cada carrera la cohorte que ingresó tres años antes que el período normal de duración de la carrera. Por ejemplo, si la carrera de Ingeniería Civil tenía una duración de seis años se tomó la cohorte que ingresó hace nueve años. Luego se estableció para dichas cohortes la cantidad de estudiantes que se titularon en el año (t), que correspondía al período normal de duración de la carrera (d), la cantidad que se titularon un año más tarde (t+1), dos años más tarde (t+2) y tres años después (t+3) respectivamente. Aquellos estudiantes que aún no se titulaban y que continuaban sus estudios fueron considerados por criterio de experto en un 50% como en proceso y en un 50% como futuros desertores. Los estudiantes de la cohorte de ingreso que no estaban en ninguna de las categorías anteriores, corresponden a los desertores reales, a quienes se sumó el dato de los desertores potenciales para calcular el dato real de deserción (UNESCO, 2005).

Los factores a los que se atribuye el bajo rendimiento académico fueron determinados a partir de entrevistas a desertores y a autoridades universitarias, según las muestras que se exponen en el cuadro siguiente.

Cuadro 4. Investigación cualitativa aplicada en las universidades de ALAC




 Las cantidades de entrevistados señalan el alcance exploratorio de estos estudios.

Resultados de las investigaciones del IESALC. Un primer punto tratado en los resultados de la aplicación de dicha metodología fue la información planteada en el cuadro 1, asimismo el cuadro 5 muestra los resultados del análisis de la titulación en tiempo.

Cuadro 5. Análisis de la titulación universitaria en 2004.



Dos de los países con universidades incluidas en la investigación se encuentran titulando al 67% de alumnos en el tiempo establecido para cada carrera, otros dos países logran únicamente el 3% de titulación en tiempo. Guatemala titula en tiempo a 5 de cada 100 inscritos.

Para hacer un análisis de los resultados cualitativos obtenidos en las entrevistas realizadas, las principales causas o factores incidentes fueron agrupadas en cuatro categorías: las externas al sistema de educación superior, las propias del sistema e institucionales, las causas académicas, y las de carácter personal de los estudiantes. Entre las causas externas las principales fueron: las condiciones socioeconómicas tanto del estudiante como del grupo familiar (el lugar de residencia; nivel de ingresos; nivel educativo de los padres; el ambiente familiar, la necesidad de trabajar para mantenerse o aportar a su familia). Esta situación afecta con mayor fuerza a los quintiles de menores ingresos (UNESCO, 2005).

Entre las causas propias del sistema e institucionales están: el incremento de la matrícula, particularmente en los quintiles de menores ingresos que requieren de mayor apoyo debido a su deficiente preparación previa; la carencia de mecanismos adecuados de financiamiento del sistema en especial para el otorgamiento de ayudas estudiantiles, créditos y becas; las políticas de administración académica (ingreso irrestricto, selectivo sin cupo fijo o selectivo con cupo); el desconocimiento de la profesión y de la metodología de las carreras; el ambiente educativo e institucional y la carencia de lazos afectivos con la universidad (UNESCO, 2005).

Entre las causas de orden académico se consideraron: la formación académica previa, los exámenes de ingreso, el nivel de aprendizaje adquirido, la excesiva orientación teórica y la escasa vinculación de los estudios con el mercado laboral, la falta de apoyo y orientación recibida por los profesores, la falta de información al elegir la carrera; la carencia de preparación para el aprendizaje y reflexión autónoma, los requisitos de los exámenes de grado en la selección de la carrera; la excesiva duración de los estudios, la heterogeneidad del estudiantado y la insuficiente preparación de los profesores para enfrentar la población estudiantil que actualmente ingresa a las universidades (UNESCO, 2005).

Entre las causas personales de los estudiantes cabe enumerar aspectos de orden tanto motivacionales como actitudinales tales como: la condición de actividad económica del estudiante, aspiraciones y motivaciones personales, la disonancia con sus expectativas, su insuficiente madurez emocional, las aptitudes propias de su juventud; el grado de satisfacción de la carrera, las expectativas al egreso de la carrera en relación con el mercado laboral, dificultades personales para la integración y adaptación, dedicación del alumno, falta de aptitudes, habilidades o interés por la carrera escogida (UNESCO, 2005).

Según (Boado, 2004) las causas personales de las investigaciones en ALAC ponen en evidencia la verdad que subyace en la teoría de Bourdieu y Passeron, referida a las diferencias sociales en el acceso a la educación en una sociedad capitalista: “La vivencia del futuro escolar no puede ser la misma para el hijo de un alto directivo quien gozando de más de una posibilidad entre dos de ir a la Facultad, se encuentra con que en su entorno social e incluso en su familia, los estudios superiores son una meta normal y obligada, que para el hijo de un obrero, el que con menos de dos posibilidades entre ciento de llegar a la Universidad, no conoce a los estudios ni a los estudiantes sino a través de otras personas y por medios indirectos (Passeron, 1967).

Investigación en la Universidad San Martín. Existe otra investigación que analiza las razones por las cuales los estudiantes universitarios de medicina en Colombia, reprueban los cursos en los primeros semestres de la carrera, el análisis se hizo a partir de una combinación entre entrevistas y fuentes secundarias, a lo que las autoras llaman triangulación exploratoria de caso múltiple (González & Daza, 2010). Llamaremos a esta investigación Metodología Y.

El período de la investigación estuvo comprendido entre febrero de 2007 y febrero de 2008. Integraron la muestra 35 estudiantes y 7 docentes; la información se obtuvo de fuentes primarias y secundarias y se emplearon técnicas de análisis de contenido (categorías, triangulación) y distribución de frecuencias. Según las autoras, en Colombia, aproximadamente el 45% de los estudiantes aprueba menos del 80% de las materias al finalizar el cuarto semestre y la tasa de deserción acumulada es de 39% (González & Daza, 2010). Las investigadoras escriben que según lo afirma Duro (2006), “la repitencia es antesala del abandono”, es un factor desencadenante de la deserción, por lo tanto, repitencia y deserción son fenómenos concatenados donde, la repitencia reiterada conduce al abandono de los estudios (González & Daza, 2010). En esa investigación el universo lo constituyeron el total de docentes y estudiantes de I a V semestre del Programa de Medicina de la Fundación Universitaria San Martín, sede Puerto Colombia, en el I periodo académico del 2007 (González & Daza, 2010).

Inicialmente, se tuvo en cuenta el 100% de los estudiantes que reprobaron cursos en el segundo período académico del 2006 (II -06) y se matricularon nuevamente en el I-07, población que fue sometida a los criterios de exclusión. Se omitió del estudio todo estudiante que: asistió a parte de las actividades académicas en el II -06, pero no llegó a matricularla en I-07; quien matriculó un curso en el II -06 pero posteriormente se retiró; quien matriculó un curso en el II -06, no se retiró oficialmente pero, no asistió o lo hizo hasta el primer examen; quien reprobó el curso en el II -O6 pero lo recuperó en el curso vacacional. Así mismo, participaron del estudio 7 de los docentes responsables de los cursos reprobados en II – 06 y en la repetición del I – 07 (González & Daza, 2010).

La muestra de 35 estudiantes fue distribuida así: I semestre 2; II 15; III 3; IV 10; V 5. Para la obtención de los datos, se procedió secuencialmente de la siguiente manera: solicitud a secretaría académica del listado de estudiantes de I a V semestre con cursos reprobados en el II -06; ubicación de los reprobados en II - 06 repitiendo en I - 07; verificación de los criterios de inclusión y exclusión; solicitud y consentimiento de los estudiantes y docentes para participar en el estudio; entrevista individual a los estudiantes y docentes seleccionados; revisión de kárdex, hoja de vida académica, caracterización de tutores de los estudiantes incluidos en el estudio; procesamiento y análisis de la información. Se utilizaron fuentes de información primarias (entrevista con cuestionario semi-estructurado) y secundarias (caracterización tutores, revisión del kárdex, revisión de hoja de vida académica) (González & Daza, 2010).

En la entrevista, se indagó a los estudiantes sobre las causas de reprobación, cuál de ellas consideraban la más importante, si establecían alguna diferencia entre los motivos de pérdida según el área de formación, las acciones realizadas para superar las dificultades y que les gustaría que les ofreciera la universidad para superarlas, la solicitud de apoyo a los tutores de cohorte, bienestar universitario y asesorías adicionales, el impacto que a nivel personal y familiar causó la reprobación y por último si habían tenido o no la intención de retirarse de la universidad (González & Daza, 2010). 

En la entrevista a docentes, se preguntó por las causas a las cuales atribuían la reprobabilidad de cada estudiante, cuál habían detectado como la más importante, la colaboración prestada para superar la dificultad del alumno, las sugerencias de acciones a implementar por parte de la universidad, si habían informado a los tutores de cohorte y si habían recibido realimentación por parte de los mismos. De las fuentes secundarias se obtuvieron datos acerca de: edad de ingreso, género, promedio académico, repitencias anteriores, resultados en las pruebas ICFES, lugar y colegio de procedencia (González & Daza, 2010).

Para el análisis de los datos cuantitativos y cualitativos se obtuvo la distribución de frecuencias, se elaboraron gráficas y a través del análisis de contenido se organizaron categorías, utilizando la triangulación de investigadores para dar fiabilidad al estudio, aplicando lo recomendado por Fox (1981), determinando el porcentaje de acuerdo: Po = N° de acuerdos/ N° de acuerdos + N° de desacuerdos x 100, obteniéndose un valor de 94 – 97%. La validez se conservó a través del enjuiciamiento de los instrumentos por expertos y observando las cualidades (exclusión mutua, exhaustividad, homogeneidad, pertinencia, objetividad y fiabilidad, claridad, replicabilidad y productividad) que según Bardin 1986 y Ruiz Olabuénaga 1999 definen un sistema de categorías adecuado (González & Daza, 2010).

Resultados de la investigación en la Universidad San Martín. Según las autoras, tal como se plantea en el libro “La Universidad Adolescente” (Antia, Lima, & Castro, 1994), los estudiantes que ingresan a la Universidad son cada vez más jóvenes y menos preparados para asumir los retos impuestos por la Universidad, tales como el encuentro con un elevado número de extraños, métodos de enseñanza-aprendizaje distintos, una relación diferente con los docentes, la autonomía para manejar su tiempo, la necesidad de realizar ellos mismos trámites administrativos. Por otra parte, la familia y las instituciones le exigen al nuevo universitario un comportamiento dual y contradictorio: por una parte, debe convertirse instantáneamente en adulto responsable asumiendo la preparación para el mundo del trabajo y por la otra, no aceptan la adultez en su comportamiento para no entregar tareas o asistir a clases, para lo que debe seguir siendo adolescente obediente. Todo ello genera estrés en un joven que responde como tal, y a veces, de maneras no adecuadas (González & Daza, 2010).

Con respecto a las pruebas estatales (ICFES), se tomaron en cuenta los datos de Biología, Química y Lenguaje. En Biología, el rango de puntajes fluctuó entre 38 y 64, concentrándose entre 42 y 50 (23 estudiantes); en Química, entre 32 y 49, con 25 estudiantes entre 38 y 44; en Lenguaje, entre 38 y 66 puntos, con 23 estudiantes entre 45 y 53. Teniendo en cuenta que, los puntajes se miden de 1 a 100 y que entre 0 y 30 es bajo, entre 30 y 70 es medio y más de 70 es alto, los resultados en las 3 áreas de la mayoría de los participantes en el estudio, se ubicaron más cercanos a los límites inferiores del nivel medio (González & Daza, 2010).

Una explicación de los bajos niveles de los estudiantes en las pruebas ICFES se debe a la aplicación del decreto 230 del 2002 que obligó a las instituciones de secundaria a mantener números mínimos de repitencia aduciendo una tasa muy elevada de deserción y al hecho de que repetir no resuelve los problemas de aprendizaje y va dirigido a generar más responsabilidad institucional en el fracaso escolar (Recaman, 2001). Desafortunadamente, su implementación ha incidido negativamente en la preparación del bachiller quien aprueba aún sin haber alcanzado sus logros, situación no exclusiva de Colombia pues afecta a muchos países latinoamericanos (González & Daza, 2010). Por otra parte, hallazgos de otras investigaciones indican que es más importante lo sucedido después del ingreso del estudiante que su historia anterior. Un estudio cubano (Rodríguez & González, 2005) en un programa de medicina encontró que “la capacidad predictiva de cualquier indicador para el ingreso, se disipa a medida que el estudiante transita de un curso a otro” y, en cambio, ya admitido, “el rendimiento académico en un curso cualquiera se asocia muy fuertemente a su rendimiento en el curso anterior y posterior”. Por lo tanto, para el pronóstico de éxito futuro, el indicador de promedio académico es muy importante: a mayor promedio, menor probabilidad de repitencia y deserción (González & Daza, 2010).

En la literatura se señalaron múltiples causas de reprobabilidad con las cuales se construyeron 6 categorías: académicas, afectivas, personales, familiares, económicas, salud. Las causas mencionadas por los estudiantes en orden descendente fueron: académicas, afectivas, salud, familiares y personales. Las expresadas por los docentes fueron: académicas, personales, afectivas y salud; no se mencionaron las causas familiares y económicas. Como puede observarse, tanto para estudiantes como para docentes las causas académicas ocupan el primer lugar. Estos resultados son similares a los encontrados en estudios de deserción (Escobar, 2005) donde las causas académicas y las relacionadas con motivación (personales y afectivas) se detectaron también en los primeros lugares (González & Daza, 2010).

En relación a la pregunta de si había diferencia en los motivos para haber reprobado una materia según el área de formación, a excepción de un estudiante, todos respondieron negativamente, asegurando que los mismos motivos influían en su bajo rendimiento académico independientemente del curso involucrado. Entre las causas académicas respondieron: matrícula tardía, falta de estudio, dificultad para memorizar los aprendizajes, metodología de estudio, lectura y escritura (falta de comprensión de los textos y de las preguntas de los exámenes), falta de conocimientos previos, falta de ambiente apropiado para estudiar, elevada exigencia académica, falta de motivación y/o claridad por parte del profesor. Tanto estudiantes como docentes coinciden en que la primera causa académica de reprobabilidad fue la falta de estudio, seguida de la matrícula tardía, la dificultad para memorizar, la metodología del estudio, las dificultades con la lectura, escritura y la elevada exigencia académica (González & Daza, 2010). 

La falta de conocimientos previos, sólo fue mencionada por los docentes. Las respuestas por causas afectivas fueron conflictos emocionales (soledad, disgustos con la pareja), la dificultad para adaptarse a la universidad, la falta de motivación o gusto por la materia, el estrés en el momento de las evaluaciones, la no satisfacción con la carrera, la falta de empatía con el profesor y noviazgo. Las causas personales fueron: ser introvertido y ausencia a clases. Los docentes consideraron en primer lugar el comportamiento introvertido (7 respuestas), seguido del ausentismo en 5 oportunidades. Entre las causas familiares fueron categorizadas la separación de padres y disgustos con familiares (no pareja). Sin dudarlo, la ruptura de la estructura familiar constituye un impacto negativo muy profundo, más aún para un adolescente como es el estudiante de los primeros semestres (González & Daza, 2010). 

Fueron categorizadas como causas económicas la falta de recursos diarios y trabajo. No las mencionaron los docentes y los estudiantes sólo en 2 ocasiones. En cambio las causas relacionadas con la salud los docentes la mencionaron sólo una vez, y los estudiantes 5. Los afectados por esta causa realizaron consulta tratamiento y control médico. Al igual que las causas familiares, estas en muchas ocasiones no son detectadas por los docentes, pues el estudiante se reserva este motivo, incluso no tramitan sus excusas médicas y son reacios a acudir a la consulta gratuita y permanente ofrecida por Bienestar Universitario (González & Daza, 2010). 

Para hacer el análisis cruzado se verificó cuáles de los 35 participantes en ésta investigación se matricularon para el primer período académico del 2008. Se encontró, que 13 de ellos, 37.1% no lo hicieron y relacionando esto con las respuestas dadas durante el estudio en cuanto a sus intenciones de retiro, de los 8 que respondieron “si”, 2 efectivamente ya no están y de los 21 que respondieron “no” 9 salieron. De los 13 que salieron, el retiro de 11 se debió al cumplimiento del reglamento al quedar fuera de programa por bajo rendimiento académico y 2 por motivos económicos y personales. De los 13 estudiantes retirados, 2 actualmente, están solicitando reintegro para el II Período de 2008 (González & Daza, 2010).

Investigación en la universidad San Luis Potosí. David Gómez Sánchez, Rosalba Oviedo Marín y Eugenia Inés Martínez López de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México, realizaron una investigación titulada “Factores que influyen en el rendimiento académico del estudiante universitario”, utilizando lo que llamaremos Metodología Z. El estudio fue definido por los investigadores como de tipo transversal, cuantitativo, descriptivo y correlacional. Se utilizó el programa estadístico SPSS versión 17 para diseñar la base de datos, después se procedió al tratamiento y análisis de los mismos.

Se determinó la confiabilidad del cuestionario utilizando el coeficiente de Alpha de Cronbach, logrando medir la consistencia del instrumento para el constructo rendimiento en 0.790 y en el constructo satisfacción con la carrera en 0.681,valores que indican muy buena confiabilidad (Gómez, Oviedo, & Martínez, 2011).

La población se delimitó considerando a los estudiantes de la Unidad Académica Multidisciplinaria Zona Media, con un total de 837 alumnos inscritos en los diferentes programas académicos. Se estableció el tamaño del error admisible en la estimación 5%, el nivel de confianza (95%) y la probabilidad verdadera de éxitos 50%. En función a estos aspectos se generó el tamaño de la muestra con universo infinito. El tamaño calculado fue de 238 individuos.

n= z(z) p(1-p)= 1.96(1.96)(0.5)(0.5) = 384 para población infinita (1)
     (e) (e)                  (0.05) (0.05)


n=    n (N)  =    384 (837) = 238 para población finita (2)
       N+n-1          (384) (837)-1


Se realizó un muestreo aleatorio estratificado (MAE) siendo los estratos definidos por las carreras que se imparten en la Universidad. El 39.81% de los alumnos que componen la muestra son hombres y 60.19% son mujeres el promedio de edad es de 20.09 años con una desviación estándar de 2.6 años. El 32.9% son de segundo semestre, el 36.6% son de cuarto, el 24.5% de sexto y el 6.0% del octavo semestre. Sólo el 22.9% están trabajando y estudiando, mientras que el resto sólo estudian; el 93.5% son solteros. Los aplicadores fueron alumnos de la misma institución inscritos en la materia de Investigación Cuantitativa de Mercados en carácter de colaboradores de los trabajos de investigación, y las encuestas se aplicaron entre el 8 y el 29 de marzo de 2010 (Gómez, Oviedo, & Martínez, 2011). Todas las variables fueron medidas en una escala ordinal de seis puntos. Las personas encuestadas fueron muestreadas según se informa en el Cuadro 6.

Cuadro 6. Investigación sobre el rendimiento académico en México



Para el análisis de los datos se realizaron gráficas en el programa Excel 2007 a partir de los resultados que arrojó el programa SPSS. Se utilizaron los coeficientes de correlación de Pearson que determinan la correlación entre dos variables numéricas, de Spearman que igualmente determina la correlación entre dos variables cuando al menos una es ordinal (Kerlinger y Lee, 2008), t para muestras independientes y ANOVA de un sólo factor. Se tomó en cuenta que estas pruebas sirven para comparar dos o más medias respectivamente (Malhotra, 2008) y se consideró que las correlaciones son muy fuertes al ser mayores de 0.8, como fuertes entre 0.6 y 0.8, moderadas entre 0.4 y 0.6, débiles entre 0.2 y 0.4 y menores de 0.2 como muy débiles (Salkind,1998).

Resultados de la investigación en la universidad San Luis Potosí. Los resultados arrojados coinciden con los obtenidos por Vargas (2001), citado por Artunduaga (2008), en cuanto a que el sexo femenino presenta un rendimiento académico superior al sexo masculino. En el estudio se encontró que las variables sociodemográficas sexo y semestre explican la variable rendimiento académico percibido por el estudiante, existen otras dos variables que lo explican también, el promedio numérico obtenido por el estudiante y la satisfacción del mismo con la carrera elegida (Gómez, Oviedo, & Martínez, 2011). Los parámetros de la relación entre la variable rendimiento con el semestre fueron significativos (rho = -0.190, sig. = 0.009), también se encontró evidencia estadística de la asociación del rendimiento académico con la variable sexo (t = -2.751, sig.= 0.007), así como correlación directa y moderada entre el rendimiento y la satisfacción con la carrera (r = 0.444, sig. = 0.000) y asociación con la variable promedio (r = 0.525, sig.= 0.000), la variable carrera no explica el rendimiento percibido del estudiante (F =0.821, sig. 0.513). (Gómez, Oviedo, & Martínez, 2011).

Al final se concluyó la validez de la hipótesis H1: Existe relación entre el rendimiento percibido del estudiante y las variables sociodemográficas sexo, carrera y semestre donde se encuentra inscrito el alumno. Se encontró evidencia estadística de que la percepción del rendimiento mayor está ubicado en el segundo semestre, con 2.92 puntos/6, mientras que el octavo semestre es el de menor rendimiento percibido, con 2.264 puntos/6, lo que genera una relación inversa: a mayor semestre, percepción de rendimiento académico menor (Gómez, Oviedo, & Martínez, 2011). En esta investigación, el rendimiento académico fue evaluado mediante la valoración de varios ítems, concordando con Pita y Corengia (2005) y Vargas (2007) quienes sostienen que el tema abordado es el resultado de un conjunto de factores, más que una variable aislada. Las variables título secundario obtenido y nivel educacional alcanzado por la madre no fueron consideradas en esta investigación (Gómez, Oviedo, & Martínez, 2011).
Trabajos citados
Antia, M., Lima, J., & Castro, L. (1994). La universida adolescente. Bogotá: Fondo resurgir FES.
Boado, M. (2004). Una aproximación a la deserción estudiantil universitaria en Uruguay. Instituto Internacional para la Educación Superior en ALAC, UNESCO/IESALC.
Calderón, J. (2005). Estudio sobre la repitencia y la deserción en la educación superior en Guatemala. Guatemala: IESALC/UNICEF.
Escobar, V. (2005). Estudio sobre la deserción y repitencia en educación superior en Panamá. Panamá: IESALC/UNESCO.
Gómez, D., Oviedo, R., & Martínez, E. (2011). Factores que influyen en el rendimiento académico del estudiante universitario. San Luis Potosí, México: Tecnociencia.
González, L. (2005). Estudio sobre la repitencia y la deserción en la educación Chilena. Santiago de Chile: IESALC/UNICEF.
González, L., & Daza, D. (2010). Repitencia en estudiantes de medicina, caracterización y causas. Puerto Colombia: Próxima Zona.
IESALC. (2010). La Universidad Latinoamericana en discusión. Caracas, Venezuela: IESALC/UNESCO.
Passeron, P. B. (1967). Los estudiantes y la cultura. París: Nueva colección Labor, Les Editions Minuit.
Recaman, B. (2001). El plan decenal de educación y el espíritu del decreto 230. Colombia: Centro virtual de noticias.
Rodríguez, A., & González, C. (2005). Primer Congreso internacional sobre calidad en la educación, repitencia, deserción y bajo rendimiento académico. Cuba: Memorias Universidad Nacional.
UNESCO. (2005). Proyecto Regional de Deserción y Repitencia en la Educación Superior en América Latina y el Caribe. IESALC.

martes, 5 de marzo de 2013

¿Qué sabemos de los bosques de Guatemala?


Edwin Rolando García Caal
Los bosques en general pueden ser evaluados a través de cuatro tipos de información. Un primer tipo es de carácter biológico, para lo cual se elaboran estudios específicos de las características de las especies, su clasificación científica, las características de los ecosistemas, la variabilidad genética y la situación de su agotamiento. Estos datos se establecen en estudios específicos y se colectan esencialmente para fines de manejo y protección. Un ejemplo de este tipo de información es posible encontrarlo en el seguimiento que se le da a los bosques de mangle (ver: clasificación de la cobertura de mangle en Guatemala, 2012), en los estudios de la flora que caracteriza al país (ver: Guatemala y subiodiversidad) o en los estudios específicos de la diversidad arbórea del país (ver: Coníferas de Guatemala).

Un segundo tipo de información tiene carácter espacial; referido puntualmente a medir las dimensiones de uso del suelo forestal para compararlo con los otros usos (construcciones, cuerpos de agua, agricultura y pastos), lo que se establece a través de mapas de cobertura (ver: mapa de cobertura forestal de Guatemala 2006).
Un tercer tipo de información tiene que ver con el volumen de madera en pie; los usos de los productos forestales maderables y no maderables, dimensiones y rendimientos a nivel nacional o local y se concentran  de alguna manera en los inventarios forestales (ver: inventario nacional forestal de Guatemala).

Los tres tipos de información mencionados son comunes en muchos países, sin embargo, hay un cuarto tipo de información que es un tanto sorprendente, en el sentido de que aborda la integración de los tres tipos de información antes expuestos adicionando el ámbito económico. El objetivo es integrar un balance físico de los recursos forestales con el balance monetario de los mismos. Pero aún hay más. El cuarto tipo de información integra los balances físicos y monetarios de los inventarios del bosque a través del tiempo, lo que posibilita reflejar tendencias y, econométricamente hablando, posibilita las retropolaciones y extrapolaciones del comportamiento de los stocks hasta finalizar con un ajuste al Producto Interno Bruto, interviniendo al mismo Sistema de Cuentas Nacionales. ¿Es posible hacer eso en un país como Guatemala?
La respuesta es… . El logro es llamado Contabilidad Integrada del Bosque (CIB). El balance físico se hace en tres dimensiones. La primera es por el lado de la tierra forestal.  La segunda por el lado del volumen de madera en pie y la tercera por el lado del valor monetario de la madera en pie. El mecanismo contable parte de un inventario inicial, el mismo es afectado por incrementos y reducciones para llegar a un inventario final, tal como se observa en la siguiente figura.

Cuenta integrada del bosque

 
¿Cómo lo hicieron?
La construcción de la Contabilidad Integrada del Bosque –CIB- en Guatemala, se realizó en el marco del Proyecto Cuente Con Ambiente, una investigación que involucra al Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente de la Universidad Rafael Landívar (IARNA/URL), al Instituto Nacional de Estadística (INE), al Banco de Guatemala (BANGUAT), la Secretaría de Programación y Planificación de la Presidencia (SEGEPLAN), la Secretaría Presidencial de la Mujer (SEPREM), el Instituto de Incidencia Ambiental (IIA), el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) y como financista al Reino de los Países Bajos.

La aplicación se abordó desde dos ámbitos de trabajo. El primero de ellos se refiere a la investigación del balance de los activos, específicamente estableciendo el inventario inicial y el inventario final de las existencias del bosque. El segundo se refiere a la investigación de los flujos, en el orden de las extracciones que se hacen de los recursos forestales para su aprovechamiento económico, fuentes y destinos. Con los elementos anteriores se procedió con la evaluación de los agregados económicos y finalmente se utilizó toda la información para la evaluación de los gastos de protección y gestión del recurso, proponiendo el concepto de Producto Interno Bruto Ajustado Ambientalmente (PIBA).
Activos, flujos, balances, agregados económicos, cuentas físicas y cuentas monetarias son los principales conceptos utilizados en la implementación de la CIB. Estos conceptos guardan estrecha relación con las definiciones utilizadas en los Manuales de contabilidad nacional y ambiental, siendo estos SCN93 y SCAEI 2003, dos publicaciones de las Naciones Unidas que orientaron en todo momento la realización de ambas investigaciones y la construcción de la Contabilidad Integrada del Bosque. El esfuerzo se plasmó sobre el objetivo de lograr una mayor comprensión de las interacciones que se dan entre el ecosistema forestal y las actividades económicas, de tal manera que si  los hacedores de políticas comprenden dicha relación, no beneficiarían a un sector en detrimento del otro.

El problema es que existe una tendencia social a subvalorar los recursos naturales (Daly, Cobb, & Cumberland, 2000), inclusive los forestales, situación que no es nueva. En el caso de Guatemala, la política agraria establecida entre 1965-1985 reconocía al bosque natural como tierra ociosa, concepción que provocó la pérdida de una gran extensión de bosque en tanto se promovía la colonización de Petén y se daba un impulso a la agricultura de consumo interno (Ley de Transformación Agraria, Decreto 1551). Aún antes, en  1952 la tierra forestal fue denominada tierra inculta (Decreto 900).

Aunque las políticas públicas hoy por hoy, promuevan lo contrario, la concepción social del bosque como un recurso sin valor se sigue manteniendo dentro de las poblaciones rurales, salvo pequeñas excepciones. Lo que sucede es que las políticas quedan asentadas tanto en la legislación del país como en la práctica de las comunidades. Esas prácticas son definidas en la disciplina científica como enculturación y en términos más comunes como educación. Es por eso que política, legislación y educación preceden a los mecanismos de gestión que se emplean para la administración de cualquier recurso natural, inclusive el forestal. Aquí es donde la economía ambiental, sustenta que la importancia de valorar el bosque estriba en definir sus usos alternativos, por cuanto las políticas no son más que una decisión que se toma a partir de diversas consideraciones, inclusive la moral. Adicionalmente, el enfoque holístico de la Ecología supone la necesidad de valorar el recurso forestal a partir de su propio comportamiento pero sin ignorar el comportamiento de los otros actores que gestionan el uso del suelo para beneficios económicos, sean estos agricultura, minería, ganadería, urbanización, entre otros.

Otra debilidad en el tema de la subvaloración de los bosques tiene que ver específicamente con la no integración de las estadísticas forestales o lo atrasado de los datos. La Agenda Nacional Forestal de Guatemala 2003-2012 (PAFG, 2003), publicada en octubre de 2003, presentó sus argumentos sobre el análisis de la cobertura forestal del país, reportada para el año 1997 (30,754 Km2). La estructura de las eco-regiones del Sistema Guatemalteco de Áreas Protegidas –SIGAP-, presentada en dicha agenda se basa en la publicación MAGA-PAFG de 1994, los tipos de bosque según publicación del INAB al año 2000 y la producción forestal según licencias 1998-2002 del CONAP y el INAB. El Análisis Ambiental del País 2006 (BM, 2006), publicado el 22 de junio de 2006 por el Banco Mundial, planteó los problemas forestales claves de Guatemala, basados en al análisis de la información forestal presentada por la publicación MAGA-PAFG de 1994, y la información económica de las cuentas nacionales del año 2003.

La propuesta de la “Deforestación Evitada” (MARN, 2008), documento que el MARN compartió en septiembre de 2008, en el marco del proyecto del Cambio Climático; evalúa las causas de la deforestación sobre la base de la información proporcionada en un documento de (CONAMA, et al, 1999), con datos estadísticos del periodo 1993-1997. En ese mismo documento, el análisis económico de la agricultura se enfoca bajo consideraciones estadísticas de la información presentada por un documento publicado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA, denominado “Marco cuantitativo de la agricultura guatemalteca periodo 1950-1999”.  Aunque algunos participantes señalaron la existencia de información más reciente, el presentador concluyó que la misma mantiene un carácter restringido y micro dirigido.

Para sopesar los antecedentes mencionados, los pasos seguidos en estas investigaciones fueron cuatro:

1. Seguir el enfoque metodológico del SCAEI, versión 2003 y el Manual de la contabilidad ambiental y económica del bosque de FAO, 2004.

2. Crear el sistema de datos, matrices y clasificaciones, basadas en la investigación del contexto forestal guatemalteco, con el soporte informático del INAB, CONAP, MAGA, SIPECIF y MARN.

3. Establecer la estructura de integración de los datos en el Sistema de Cuentas Nacionales, con la orientación metodológica del manual del SCN93; y

4. Someter a escrutinio de los expertos nacionales los resultados


Los resultados de esta investigación permiten evidenciar la contribución que el bosque tiene en la economía del país, así como el impacto que tiene la economía sobre los recursos del bosque. El comportamiento de los activos, permite una evaluación general del éxito o no de las políticas implementadas sobre el sector. También permite observar el impacto de las políticas que otros sectores tienen sobre los activos del bosque. De la tierra forestal se examina su extensión total, qué tipo de cobertura posee y si se ubica o no en áreas protegidas. Del volumen forestal, se estudia su dinámica a lo largo del tiempo, dando cuenta de los factores que inciden en su aumento y de aquellos que tienen que ver con su reducción.

Pero no todo está hecho, la investigación ha tenido la limitante de la aplicación de métodos que permitan valorar, en términos monetarios, los servicios de protección proporcionados por el bosque (protección de recursos hídricos, protección contra deslaves o protección contra la erosión), datos que de llegar a existir permitirían definir efectivamente la influencia del bosque sobre la vida social del país.

A pesar de esas omisiones, eventualmente técnicas, el valor agregado del bosque ha sido medido y los resultados de la CIB traen a cuenta el costo del agotamiento y la degradación de los bosques, lo que amerita inversiones equivalentes que de hacerse, permitirían la utilización sostenible de los bosques en Guatemala. Por supuesto que para ese nivel de logro, es necesaria una posición política influyente, que tome en serio los niveles de inversión que el Estado de Guatemala asigna a la protección y producción de los recursos forestales. El impacto se daría en números positivos tanto en los productores como en los consumidores y en el ecosistema. Lo que sí es cierto es que con esta información ya no sólo se puede hablar de conservación, recuperación y protección del bosque sino también de su uso adecuado, en términos del desarrollo sostenible.

Resultados:

Anexo 2. Metodología de la investigación

Cuadros: Compendio estadístico del SCAEI


Trabajos citados
BM. (2006). República de Guatemala: Análisis Ambiental del País. Abordando los aspectos ambientales de la expansión comercial y de infraestructura (Vols. Informe No. 36459-GT). Guatemala: Departamento de Sustentabilidad Ambiental y Social, Región de América Latina y el Caribe.

CONAMA, et al. (1999). Las áreas silvestres de Guatemala, ¿Tienen amenazas? Guatemala: Comisión Nacional de Medio Ambiente. mimeo.

Daly, H., Cobb, J., & Cumberland, J. (2000). Economía, Ecología y Ética. Editorial Milenio.

MARN. (2008). La deforestación evitada (versión preliminar). (P. d. Climático, Ed.) Guatemala: TNC.
PAFG. (2003). Agenda Nacional Forestal de Guatemala en el Marco del Programa Forestal Nacional. (P. FAO-GCP/GUA/008/NET, Ed.) Guatemala: Programa Forestal Nacional de Guatemala Agenda 2003-2012.


viernes, 1 de marzo de 2013

Planificación estratégica en el sector público guatemalteco


Edwin Rolando García Caal

El  siglo veintiuno es la era de los bloques económicos y la globalización forzosa. Es el tiempo de la fusión cultural y la consolidación de la innovación tecnológica y científica a ritmo de hipervelocidad informática. Las empresas se reorganizan como un todo que a su vez parte de un todo de mayores magnitudes. Estos avances cotidianos nos obligan a reconocer que las instituciones públicas de Guatemala, están desfasando sus procesos, de la objetividad que nos plantea la realidad social actual. La trascendencia de este hecho indica sin duda la necesidad de revaluar los modelos de trabajo, e incluir en los mismos, instrumentos que permitan moderar de manera clara, la complejidad de las relaciones que por ley, se deben establecer con los diferentes actores de la sociedad nacional e internacional.

El sector público debe cambiar. En el tiempo que nos corresponde vivir, ya no es permisible un departamento financiero que sin más que el historial de gastos de la institución, formule un anteproyecto de presupuesto del año siguiente, aplicando únicamente la apreciación por efecto de la variación inflacionaria, o pidiendo 30 para que nos den 15.  Tampoco es loable elaborar un Plan Operativo Anual que después de su presentación oficial se guarde en una caja de cartón bajo el título “Archivo muerto” y menos aún lo es el hecho de ofrecer a la sociedad la construcción de un edificio de 7 niveles, arquitectónicamente elaborado y al finalizar el año, con una ejecución financiera del 95% explicar en la Memoria de Labores que nos quedó muy bonito el puente que construimos.

Pero la profundidad de la planificación no estriba en el hecho de plantear por ejemplo, en materia de áreas protegidas, una meta de apagar como mínimo 80 incendios para el año 2006 y que al finalizar el primer semestre, si no ha habido más que 72 incendios, estemos preocupados viendo como le vamos a hacer para completar los 8 incendios que nos hacen falta, antes de que se den cuenta que no logramos la meta.  Y es que esta meta no se corrige cambiando el 80 absoluto por un 100%, ya que la pregunta es ¿Vamos a seguir apagando incendios por los siglos de los siglos? ¿Planificaremos lo mismo sólo porque eso justifica nuestro presupuesto institucional?

El cambio que se necesita no sólo debe ser institucional, también debe ser individual. Sería interesante preguntarle a cada profesional que labora en el Sector público cuántos conocimientos universitarios ha aplicado en el desarrollo de su trabajo; posiblemente nos sorprendería descubrir que estamos operando con los procedimientos que los Bachilleres, en su época dorada de 1944, establecieron para las instituciones de Gobierno.  Este ciclo de “desactualización actualizada” se perpetuará hasta que los profesionales expertos, acepten que no se puede llegar a las instituciones del sector público a preguntar y replicar lo que ya se hace en éstas, sino a innovar los procedimientos de manera científica, aplicando la experiencia intelectual adquirida en las aulas universitarias. En las instituciones del sector público guatemalteco siempre estamos realizando la misma tarea, pero remunerándola con un salario superior.

La ineficiencia de muchas instituciones públicas hoy está camuflajeada por una Visión, Misión, Valores, Políticas y Planes de mediano y largo plazo, que no son más que reflexiones que navegan entre la realidad y la utopía. Esto se debe a que los profesionales del sector público han recibido toda clase de cursos de alta velocidad sobre la planeación estratégica, el cambio de paradigmas, la reingeniería, la calidad total y re conceptualizaciones de la condición humana innovadora, pero no han aplicado más que los conceptos introductorios de las diapositivas que les fueron dadas en cada presentación.

Sin embargo no están equivocados.  La planeación es el único proceso que posibilita la agilización y desburocratización administrativa y permite a las instituciones responder al desafío de la universalidad y del cambio, lo que ocurre es que la aplicación de una teoría, sin compromiso de todos los actores, no es lo esencial para la modernización.

Lo importante es encontrar los mecanismos de materialización de estas teorías, resolviendo las contradicciones internas que bloquean la participación del 100% de los colaboradores (trabajadores, funcionarios, empleados, directivos, operativos, técnicos, administrativos).  No es posible sumergirnos en una escuela de pensamiento pero únicamente desde la alta dirección y el área técnica, so pretexto de que el nivel administrativo y el financiero se rigen por lo que establece el Ministerio de Finanzas Públicas (SIAF-SAG) y la Contraloría General de Cuentas.  En una institución que se embarca en un proceso de reorganización integral, sólo la participación de todos (y esto es TODOS los miembros según su campo de acción), permitirá que los propósitos de calidad, liderazgo y eficacia sean parte de la realidad.

Si NO nos comprometemos de forma total con el proyecto de fortalecimiento institucional, desde la vía de la planeación, no podremos mantener optimismo en nuestras políticas de competitividad, ni siquiera porque cambiemos nuestra forma de hacer presupuestos y que ahora hablemos de presupuestación por resultados. Lo difícil de este cambio radica en decidir quién debe coordinarlo. ¿Será alguien que estudió una maestría en Planificación en los años ’80? Si escogemos a una persona de ese nivel de aprendizaje, tendremos un retroceso en nuestra forma de hacer las cosas. Hay personas que creen que lo saben todo y por lo tanto no se actualizan. ¿Pondremos a alguien que reboza juventud e inexperiencia y que tiene todas las ganas de hacer cambios institucionales? Con eso sólo lograremos un retroceso en la forma institucional de hacer las cosas. Hay personas que creen que la experiencia no vale. Lo importante es encontrar a una persona que no confunda monitoreo con seguimiento y que por supuesto no confunda POA con anteproyecto de presupuesto.

Paúl Mali en 1978, Guillermo Gómez Ceja en 1997 y John W. Slocum, Jr en el año 2000 hacen escritos que se refieren a la necesidad de la planeación dentro de las organizaciones. Son épocas diferentes, conceptos cambiantes pero siempre a tono con el ritmo del cambio social, en ese sentido, lo importante es conocer la historia de la planeación, las intervenciones de esa historia en la planificación y las posibilidades de una real aplicación empírica. Lo imperdonable sería en este momento, que las personas encargadas de dirigir estos procesos desconozcan esa historia y sean simples operarios de una capacitación de momento.

Decía William Shakespeare en su obra Julio César: “Los hombres, mi querido Bruto, somos dueños de nuestros destinos en cierto momento. Si no lo aprovechamos, la culpa no está en las estrellas, sino en nosotros mismos”.  En consecuencia, la planeación y la planificación como procesos complementarios de un mismo fin, pretenden apropiarse de los resultados esperados, desde antes del acontecer de los hechos. ¿Sabemos siquiera la teoría de la burocracia? (Weber, 1947) ¿Será que toda planificación es científica? (Taylor, 1947). Para adentrarnos  en el tema de la planeación, recorreremos entonces el camino de la teorización pero desembocaremos necesariamente en la aplicación práctica. Ese es el tema. Hablar lo más técnicamente posible para entender la teoría pero lo más aplicado a la vida institucional para ser dueños de nuestra práctica y por supuesto responsables de los resultados institucionales.

Empecemos por los conceptos más generales hasta llegar a un verdadero manual de planificación. La diferencia entre planeación y planificación es…

 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Valoración contingente y aves silvestres


Edwin Rolando García Caal

Esta investigación que entra en la tipología de investigaciones aplicadas de alcance exploratorio, por su naturaleza es una investigación de campo. En la misma se ensayó la aplicación del método de valoración contingente para la valoración de las aves silvestres de Guatemala, desde el punto de vista del mercado y desde el punto de vista de la valoración in situ. Asimismo hizo una comparación entre la valoración a precios de mercado y la disposición a pagar (DAP) establecida en la valoración contingente, con la finalidad de establecer la posibilidad de superar la información que se oculta en las fallas del mercado. La investigación pretende inducir políticas que beneficien la conservación y el manejo sostenible de la avifauna. El estudio de la valoración contingente se desarrolló en la ciudad capital de Guatemala durante el año 2008, únicamente en aquellos hogares que comercializaron aves silvestres para tenerlas en cautiverio y no para alimento. Los resultados señalan que sí existe una diferencia entre los valores de mercado y la disposición a pagar ante el dilema de la extinción, lo que permite hacer una aproximación a la variación equivalente y al cálculo de las inversiones que la sociedad en su conjunto estaría dispuesta a realizar con el fin de preservar la diversidad de aves.

La valoración económica de la biodiversidad continúa siendo un reto para la ciencia ambiental. Las dificultades para valorar a las especies, incluyendo a la avifauna, se agrupan en dos. La primera es una barrera ética que señala la negativa de un conglomerado científico a aceptar valores económicos para las especies. Una posición en este sentido, que podría llamarse “de la economía ecológica”, establece que cada vida tiene un valor inconmensurable y por lo tanto no es posible calcular para cada espécimen un valor monetario definido, ponérselo sería un atrevimiento. Otra posición en contra de la valoración de las aves silvestres tiene relación directa con la oposición al sistema económico capitalista “el paradigma ideológico”. Algunos escritores han señalado que el capitalismo es tan voraz que ahora intenta ponerle un valor económico a cada especie, para luego, bajo la forma de patentes comerciales, realizar la privatización de la vida. Un paso que no se debe permitir (Nadal, 2012).

A pesar de las opiniones en contra, lejos del análisis científico, cuando una persona va a cualquier mercado y pregunta por el precio de un espécimen de ave silvestre, recibe una propuesta y si está de acuerdo realiza una transacción de compra‐venta. En ese sentido, la economía ambiental no intenta ponerle un valor económico a los especímenes, sino evidenciar que dicho valor ya existe. El valor económico de las aves silvestres en la historia de la sociedad, existe antes del capitalismo; existe antes del feudalismo. Lo que a la ciencia le corresponde es establecer si dicho valor es el conveniente en el sentido de la sustentabilidad, la escasez de los recursos y la extinción de las especies. Esta es la delimitación teórica en la que esta investigación se fundamenta.

El planteamiento de hipótesis plantea la relación entre Valor de protección (Vpro) y Valor de mercado (Vmk), con dos posibles situaciones: Vpro < Vmk (hipótesis nula: ho) y Vpro > Vmk (hipótesis alternativa: HA).

Cuando la valoración económica de las aves silvestres es un hecho aceptado, aparece una segunda dificultad. Esta tiene que ver con el método para hacer la valoración. El trasfondo del análisis es encontrar la verdadera aportación económica del aprovechamiento de las aves silvestres, pero sin olvidar que la valoración de las especies tiene que ver con la relación que estas tienen con el mercado y la relación que estas tienen con los ecosistemas. En ese sentido el reto es encontrar un método que logre capturar ambos valores, llámese el primero valor de uso y el segundo valor de existencia. Pero no es posible una espera indefinida para encontrar el método apropiado. El agotamiento de las especies hace que su valoración sea un asunto urgente.

Cada día es más apremiante demostrar que más allá de los valores de comercialización existen otros valores que no están siendo reconocidos en el mercado. La sociedad debe incluir entre los flujos del sistema económico, inversiones equivalentes en la cuantía del valor de las especies antes de la intervención humana para garantizar la permanencia futura de las mismas. En los ejercicios de valoración de las aves silvestres, que se han publicado, los métodos utilizados van en la línea de los modelos paramétricos y de los modelos no paramétricos.

Con el fin de evaluar la conveniencia de cada uno, en la búsqueda del verdadero valor económico de las aves silvestres y de su contribución a la economía, además de la aplicación del método de valoración contingente, el presente análisis hace referencia a algunos modelos no paramétricos aplicados en estudios de valoración de la biodiversidad en Latinoamérica, para que los lectores puedan hacer las comparaciones y consideraciones necesarias. En el desarrollo del artículo se hace énfasis en la metodología pero a la vez se describe la utilidad de la información, la cual permite establecer el valor económico de mercado de la avifauna silvestre y además determinar el valor in situ de la misma.


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lunes, 25 de febrero de 2013

Monitoreo, Seguimiento y Evaluación


Edwin Rolando García Caal

Muchas personas, empresas e instituciones utilizan indistintamente las palabras del título de este artículo. Pero ¿cuál es la palabra correcta? Un recorrido teórico por diversas interpretaciones nos permitirá ampliar el panorama. No obstante para iniciar utilizaremos como punto de partida la siguiente frase: “el monitoreo, el seguimiento y la evaluación son acciones que se realizan sobre un mismo quehacer institucional (proyecto institucional), un mismo proceso empresarial (proyecto económico) o un mismo desarrollo individual (proyecto de vida); cuando estas instancias buscan alcanzar uno o varios objetivos previstos.  En ese sentido, para simplificar el destino del monitoreo, el seguimiento y la evaluación, diremos que los tres conceptos se aplican a proyectos de naturaleza diversa.

La palabra monitoreo, no es lo mismo que seguimiento, dado que la segunda define un sistema. El Monitoreo sugiere una posición estática, como quien está viendo un monitor desde su lugar o está a la par de un trabajador para verificar que cumpla con los procedimientos. Seguimiento implica el movimiento hacia una ruta de un proceso. De ahí que hablemos de un viaje, un trayecto y de los recursos técnicos para emprenderlo (UNAN, 2007).

El monitoreo se conoce cuando involucra a los beneficiarios y no solamente al personal del proyecto (ICCO, 2000).

Monitoreo significa observar y recolectar información de cada proceso. Seguimiento significa un análisis sistemático de todos los procesos en su conjunto para así verificar si seguimos ‘en el rumbo’ correcto. El monitoreo garantiza el resultado. El seguimiento evalúa el resultado. El seguimiento evalúa los medios empleados y los resultados intermedios para ver si son congruentes con el resultado final (CECP, 2002).

Un sistema de monitoreo es un proceso continuo y sistemático que mide el progreso y los resultados de la ejecución de un conjunto de actividades (proceso)  en un período de tiempo, con base en indicadores previamente determinados. El seguimiento se refiere a un conjunto de acciones que permiten comprobar en qué medida se cumplen las metas propuestas en el sentido de eficiencia y eficacia.  El monitoreo garantiza que se logre el resultado. El seguimiento registra si ese logro del resultado, unido a los logros de otros procesos, se ha hecho eficiente y eficaz. En el monitoreo se buscan las razones de las fallas comprobadas, con el objetivo de encontrar alternativas de solución. El monitoreo reporta logros para que las prácticas exitosas puedan ser replicadas y las erróneas revisadas (Rodríguez, 1999).

El monitoreo incluye la medición. Esta es la calificación o la cuantificación de las variables que permite clasificarlas según los diferentes hechos estudiados (Abdala, 2004).

El monitoreo es un componente del Sistema de Evaluación, Monitoreo, Seguimiento y Evaluación, el cual en su esencia constituye una herramienta práctica para la recolección de datos en diferentes momentos dados del desarrollo de un proceso.

La función del monitoreo es medir el ‘estado’ de la cuestión (enfoque de eficiencia) de cara a los objetivos y los resultados esperados formulados y con base en el sistema de indicadores construido en una etapa previa. Es un proceso sistemático que se ejecuta con la aplicación de instrumentos específicos cuyos contenidos corresponden a los indicadores ya mencionados. El monitoreo se orienta al control sobre la ejecución de responsabilidades asignadas y a la facilitación del ‘seguimiento’, de las responsabilidades compartidas. Por ende debe ofrecer los datos necesarios para una evaluación, (auto) crítica y participativa (UNAN, 2007).

Se entiende por seguimiento a la observación, registro y sistematización de los resultados del monitoreo en términos de los recursos utilizados, las metas intermedias cumplidas, así como los tiempos y presupuestos previstos, las tácticas y la estrategia, para determinar cómo está avanzando el proyecto en su conjunto y qué ajustes se deben realizar (Quintero, 1995).

Según el Banco Mundial: Se entiende por seguimiento a la evaluación continua de la ejecución completa de los proyectos en relación con el programa acordado (durante), y su relación con la utilización de insumos, infraestructura y servicios. El seguimiento proporciona información constante a los administradores y otros interesados, retroalimentando la ejecución del proyecto como tal. Permite identificar dificultades potenciales y adelantarse a las posibles complicaciones en tiempo y falta de recursos (Thumm, 1998).

Daniel Urzúa (2004, 19-…) plantea: El seguimiento es una acción permanente a lo largo del proceso de los proyectos, permite una revisión periódica del trabajo en su conjunto, tanto en su eficiencia en el manejo de recursos humanos y materiales, como de su eficacia en el cumplimiento de los objetivos propuestos. Es de vital importancia que el seguimiento se realice como una parte integrante del proyecto, acordada con los responsables de la gestión, para que no suceda como una mera supervisión. Recordemos que la función del seguimiento consiste en aportar aprendizaje institucional y no en emitir dictámenes sobre resultados de un proceso (Urzúa, 2004).

Según este autor los propósitos del seguimiento son:

1) Fomentar la cultura de la evaluación, la gestión del desempeño y la rendición de cuentas en función de los resultados esperados.

2) Alinear la evaluación con el ciclo de los proyectos, como un elemento sustantivo de la planificación estratégica.

3) Alentar el aprendizaje institucional de todos los actores involucrados en el proyecto con base en las evaluaciones efectivas y de calidad.

4) Promover el uso de la evidencia proporcionada por el seguimiento.

5) Elegir los resultados pertinentes y demostrar cómo y por qué producen los resultados previstos o cómo mejoran lo esperado.

 El mismo autor indica 6 claves del seguimiento. Afirma que es indispensable realizar un seguimiento efectivo que sirva de base a una evaluación de calidad, por esto es necesario (Urzúa, 2004):

1) Integrar un DIAGNÓSTICO o LÍNEA DE BASE que sirva para identificar las expectativas, hipótesis, supuestos y resultados esperados. La línea de base es el punto de referencia contra el cual evaluaremos las informaciones obtenidas.

2) Establecer los indicadores de cada caso, ya sea cobertura, eficacia, eficiencia, efectividad o proceso. Los resultados esperados son el germen de los indicadores, en estos se describe un punto de referencia que será reflejado en una medida estadística para cada caso. Es importante que en la definición de los indicadores participen los encargados de la gestión del proyecto y los aliados estratégicos involucrados formalmente.

3) Programar el seguimiento conforme a plazos pertinentes y convenientes acordados con los encargados de la gestión de cada proyecto.

4) Compartir en equipo el análisis de la información resultante, con la participación de los encargados de la gestión y los aliados estratégicos.

5) Destinar recursos específicos a las actividades programadas para el seguimiento.

6) Definir los plazos y los medios para la difusión de la información, así como las audiencias principales que deberán conocerla.

El autor Chassagnes (s.f., 15) plantea respecto al seguimiento: Los resultados del seguimiento contribuyen a consolidar la información necesaria para la toma de decisiones durante la etapa de ejecución, permitiendo el manejo de datos concretos y sistematizados al momento de abordar una evaluación. Este proceso ha de ser ágil, orientado y concertado; debe combinar elementos cuantitativos y cualitativos (Chassagnes, s.f.).

El seguimiento es otro componente integrante de un Sistema de Evaluación, Monitoreo, Seguimiento y Evaluación, el cual se basa en los datos obtenidos a través del monitoreo. Mientras que el monitoreo mide ‘estados’, el seguimiento, que es un proceso –o sea, consta de sus propias etapas-, permite identificar tendencias con base en la reflexión conjunta (participativa) y comparativa (línea base) de cara a los niveles de cumplimiento de objetivos y resultados esperados que se van alcanzando. La identificación de estas tendencias, con sus consecuencias, llevará a continuar el camino iniciado, a remediar, o a rectificar totalmente el rumbo. El enfoque principal del seguimiento es la eficacia del trabajo que se está desarrollando. Igual como en el caso del monitoreo, el seguimiento se orienta al control sobre la ejecución de responsabilidades asignadas y a la facilitación de la evaluación a través de este acompañamiento en el cumplimiento de responsabilidades compartidas. El seguimiento no sólo apunta a la evaluación, sino es parte integrante de todo proceso evaluativo con enfoque de calidad, en el sentido de la realimentación inmediata (UNAN, 2007).

Como interpretar el concepto de “evaluación”

Según las propuestas metodológicas para la evaluación de impacto del CICAP, la evaluación implica las premisas siguientes (UNAN, 2007): 

a) Se realiza con menor frecuencia en períodos generalmente anuales o al finalizar etapas.

b) Afecta las decisiones en plazos mayores, por lo general es insumo para la elaboración de la planificación anual y de futuros proyectos.

c) Mide el grado en que se modifica la situación deseado por el cumplimiento de los objetivos y metas en plazos a períodos establecidos.

d) Refleja el estado o situación en que se encuentra el proyecto y su impacto.

e) La información que brinda contribuye al mismo tiempo en el ámbito interno y externo, principalmente entes financieros externos, donantes, contrapartes y población participante.

f) Es una función importante para reflexionar sobre la planificación.

g) Afecta la planificación futura de recursos, incluso puede determinar el plazo del proyecto, cuando se propone ampliar o cerrar un proyecto.

h) Se manifiesta en documentos (informes) menos frecuentes, pero más extensos.

i) Su nivel de acción es la eficacia y los impactos.

j) El objeto de la evaluación son los efectos y los impactos.

k) Corresponde a planificación de largo plazo, planes estratégicos.

l) Se basa en indicadores de impacto, efecto, resultados.

m) En la evaluación se analiza la visión, misión, objetivos, estrategias y otros aspectos esenciales.

El autor Quintero (1995, 76), al referirse a la ‘Evaluación’ expresa: La Evaluación es un proceso de análisis crítico de todas las actividades y resultados de un proyecto, con el objeto de determinar la pertinencia de los métodos utilizados y la validez de los objetivos, la eficiencia en el uso de los recursos y el impacto en los beneficiarios (Quintero, 1995). La evaluación utiliza la información obtenida y producida por el Sistema de Seguimiento y Evaluación y al comparar los resultados con los objetivos, identifica los aspectos que han dificultado o favorecido el desempeño del proyecto, con el propósito de sacar enseñanzas para un futuro proyecto o para plantear estratégicas de cambio en una siguiente fase. La evaluación es un proceso general de aprendizaje cuyos fines son, básicamente (1) mejorar las condiciones presentes del proyecto, (2) sacar a flote las posibles insuficiencias o errores del proyecto para contrarrestarlos y prevenirlos en el futuro, y (3) destacar lo útil, eficiente y aceptable para actualizarlo teniendo en cuenta las circunstancias que ayudaron a su éxito y las nuevas que se prevean (Quintero, 1995).

Budinich (1998, 8) establece diferencias entre evaluación, auditoría e investigación, con base en una referencia del manual del PNUD para la Administración de Proyectos: “Lo mismo que la evaluación, una auditoría supone la valoración de la eficiencia y eficacia y la formulación de recomendaciones para promover mejoras. No obstante, en la valoración de estos elementos, la auditoria se distingue de la evaluación por su orientación u objetivo. Normalmente, una auditoria se concentra principalmente en la observancia de las normas y reglamentos vigentes, en vez de tratar de comprobar la pertinencia y determinar los probables efectos o sostenibilidad de los resultados”. Una auditoría por lo tanto no necesita ni analizar, ni documentar el aprendizaje del proyecto (Budinich, 1998). Una investigación no tiene la intención de proponer cambios en el proyecto

Urzúa (2004, 14), en el contexto de un Manual del sistema de seguimiento y evaluación de la política pública de juventud (SSE), plantea: Entendida como evaluación de resultados, es un proceso organizado de aprendizaje que resulta de cotejar lo realizado con lo planificado. … La evaluación consiste en la determinación de una valoración acerca de la marcha de la eficiencia y la eficacia, o sea de los mismos aspectos que observa el seguimiento, sólo que al momento de evaluar se ubica el acento con respecto a lo esperado (Urzúa, 2004).

El Cubano Chassagnes (s.f., 17) responde la pregunta ‘¿Qué es la Evaluación?’ así: A diferencia del seguimiento, la evaluación es un proceso más completo y profundo de análisis de la acción. Allí, luego de un lapso de tiempo previamente establecido, realizamos un análisis crítico de todas las actividades y resultados del proyecto. En este momento es de indudable importancia la información que hemos ido recogiendo en el seguimiento. … La evaluación es el momento preciso de reajustar y programar las próximas etapas del proyecto o bien el momento de darlo por terminado. En este último caso se la denomina Evaluación Final (Chassagnes, s.f.).

Rodríguez (1999, 10-11) expone: Como mecanismo institucional la evaluación es el proceso integral y continuo de investigación y análisis de los cambios más o menos permanentes que se materializan en el mediano y largo plazo, como una consecuencia directa o indirecta del quehacer institucional o del proyecto en el contexto, la población y las organizaciones participantes. La evaluación es de carácter integral y transformador. La evaluación compara los avances del proceso con los objetivos, identifica los aspectos que han dificultado o favorecido el desempeño y avance, con el propósito de generar aprendizajes. La evaluación facilita el análisis crítico de los efectos e impactos del plan, programa o proyecto, con el propósito de determinar la pertinencia de los métodos utilizados, la validez de los objetivos, la eficiencia en el uso de los recursos y el impacto en relación con los grupos participantes. Uno de los aspectos fundamentales de cara a la calidad en los procesos de evaluación constituye sin duda la participación (Rodríguez, 1999).

En conclusión, la diferencia que existe entre las palabras monitoreo, evaluación y seguimiento es el orden de su aplicación. El monitoreo es frecuente (durante); el seguimiento es permanente pero se da post resultados (técnicos, financieros y  humanos). Por lo tanto primero se hace monitoreo y luego se hace el seguimiento.

La evaluación es periódica pero sólo ocurre después de las experiencias del seguimiento por lo tanto no abordará el mediato plazo pero sí el corto plazo (anual), el mediano plazo (bianual, trianual y quinquenal) y el largo plazo.

La base del monitoreo es la supervisión. La base del seguimiento es la sistematización y correlación de los resultados del monitoreo. La base de la evaluación es el análisis crítico participativo de los aprendizajes del seguimiento. La referencia del monitoreo es la promesa de los resultados ofrecidos. La referencia del seguimiento es el sistema de indicadores que se construye a partir del monitoreo. La referencia de la evaluación es la línea base y los indicadores del monitoreo más reciente. Las decisiones que resultan del monitoreo son operativas. Las decisiones que resultan del seguimiento son tácticas. Las decisiones que resultan de la evaluación son estratégicas. Lo que hace el monitoreo es medir resultados. Lo que hace el seguimiento es describir efectos. Lo que hace la evaluación es valorar impactos. La importancia del monitoreo es que captura datos. La importancia del seguimiento es que relaciona e interpreta datos. La importancia de la evaluación es que plantea escenarios futuros.

El uso del monitoreo es interno. El uso del seguimiento es interno. El uso de la evaluación es externo. Los enfoques del monitoreo son de control. Los enfoques del seguimiento son de re-alimentación. Los enfoques de la evaluación son de aprendizaje constructivo.

¿Quiénes hacen el monitoreo? los supervisores en el nivel operativo. ¿Quiénes hacen el seguimiento? los analistas en el nivel ejecutivo. ¿Quiénes hacen la evaluación? El mayor número de actores involucrados por el lado del proyecto y por el lado de los destinatarios del proyecto.

La evaluación permite visualizar las transformaciones del proyecto antes de la puesta en marcha en una nueva fase, desde ese punto de vista puede llamarse evaluación exante. La evaluación durante es el seguimiento y la evaluación expost  existirá sólo cuando el proyecto ya no tenga continuación y la evaluación realizada será la última acción del proyecto.

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Trabajos citados


Abdala, E. (2004). Manual para la evaluación de impactos en programas de formación para jóvenes. Montevideo: CINTERFOR.

Budinich, V. (1998). Lineamientos para incorporar la perspectiva de género en Sistemas de Seguimiento y Evaluación. Castries, Santa Lucía: FIDA-CDB.

CECP. (2002). Monitoreo. Nicaragua: Centro de Educación y Comunicación Popular.

Chassagnes, I. (s.f.). Fundamentos de Gerencia Contemporánea. La Habana: Instituto Superior Politécnico.

ICCO. (2000). Pautas para una buena planificación, monitoreo y evaluación. Holanda: Organización inter-eclesiástica para la Cooperación al Desarrollo.

Quintero, U. (1995). Evaluación de Proyectos. Construcción de indicadores. Colombia: Fundación FES.

Rodríguez, G. e. (1999). Sistemas de monitoreo y evaluación sensibles a género. San José de Costa Rica: ABSOLUTO.

Thumm, R. W. (1998). Diseño de sistemas de seguimiento y evaluación de los proyectos. Washington: Departamento de Evaluación de Operaciones -OED. B.M.

UNAN. (2007). Curso E-DC-5.2 Monitoreo, Seguimiento y Evaluación de Proyectos. Managua: CICAP.

Urzúa, D. (2004). Manual del sistema de seguimiento y evaluación de la política pública. Managua: Comisión Nacional de Juventud.